A
UN
VOLCÁN
NO
QUIERES
VERLO
DIRECTAMENTE
A
LOS
OJOS

Una presencia constante se enmarca con atributos ancestrales enraizados a la cultura y a la tradición. Un mito como ente protector y a su vez otra mirada como ente devastador. La obra presenta las tensiones entre el volcán Urcunina y los habitantes de Nariño, Colombia; el volcán se encuentra activo, como ya registraban las primeras descripciones españolas, y, a pesar de ello, sus pobladores se rehúsan a evacuar las zonas. En cambio, continúan cultivando en estas tierras ricas en componentes, acrecentando la urdimbre del arraigo y la cultura de la ceniza1.
Sin embargo, esta relación histórica con el volcán entró en tensión cuando el Estado comenzó a leer el territorio desde la lógica del riesgo. El nombramiento de las Zonas de Amenaza Volcánica Alta (ZAVA), tras la constante actividad volcánica iniciada en 2005, convirtió a este territorio en un lugar prioritario para la implementación de tres procesos: contingencia, transición y reasentamiento. La premonición era clara; las ZAVA podrían convertirse en un gran desastre en un futuro inminente. Así nace el Proceso Galeras, impulsado por el Ministerio del Interior y de Justicia y operado a través de la Dirección de Gestión del Riesgo. Este intento por movilizar a las familias de la zona tuvo un impacto que aún sigue repercutiendo en la realidad social y ambiental de sus pobladores, produciendo un cruce de miradas entre quienes consideran que el volcán amenaza con destruirlo todo y quienes lo entienden como un ente protector que nunca les haría daño.
¿Cuántas maneras existen de ver y comprender un volcán? Tras varios años de viajes, entrevistas y relatos de sus habitantes —muchas veces acompañados de café y empanadas— se registró que el volcán puede ser siempre algo más de lo que imaginamos. Puede aparecer como un ente destructor visible en sus potentes emisiones de gases, pero también como un coloso protector que amuralla la zona. A veces se manifiesta como bosque de niebla o como un ente de luz; incluso como un ser de otro mundo que conecta el mundo físico con el mundo supralunar. El volcán pareciera tomar forma según la mirada que lo configure, según las experiencias y la historia de quien lo observa. Miradas opuestas o evasivas entre sí, como ese sutil juego que aparece cuando no quieres ver a alguien directamente a los ojos.
La instalación presenta una maqueta de una post-erupción, una tierra (no)inerte sepultada por la mirada furiosa del supuesto ente. Pero incluso en su aparente mutismo, la ceniza es nutriente. No mirar directamente es no intentar arrebatar sus secretos, es observar con respeto las señales de vida que se manifiestan a cierta distancia2.
Hoy, a diez años del proyecto, con el apoyo de Nómada Ediciones y gracias a una beca del Instituto Distrital para las Artes de Bogotá (IDARTES), esta investigación se transforma en un libro que incluye un texto de la antropóloga Valentina Arturo y una serie de dibujos realizados durante la investigación y las entrevistas, muchos de ellos publicados por primera vez.

Dumer Mamián Guzmán, Cultura de la ceniza y memoria volcánica. Pasto: Instituto Andino de Artes Populares IADAP.
Valentina Arturo, A un volcán no quieres verlo directamente a los ojos. Bogotá: Nómada Ediciones.
Proyecto ganador de la Beca Proyectos Editoriales Independientes. Categoría: Libro de artista. IDARTES. 2024.
Agradecimientos: Sol Pochat, Paloma Violeta González, Mechi Lozano, Joa Joys, Mónica Naranjo, Valentina Arturo, Parque Explora, Hugo Murcia y la Sociedad Colombiana de Geología, y especialmente mi familia ♡.
A
UN
VOLCÁN
NO
QUIERES
VERLO
DIRECTAMENTE
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LOS
OJOS